Kolijke, pasión por recuperar el ecosistema

ZIHUATEUTLA, Puebla. Kolijke (en totonaca, ‘cerro encorvado’, ‘el cerro de los viejos’, o ‘de los ancestros’), es una reserva natural de 73 hectáreas, destinada a la conservación, enclavada en este municipio.


Está inmersa en el Área de Protección de los Recursos Naturales “Cuenca Hidrográfica del río Necaxa”, de 43 mil hectáreas y, a su vez, dentro del polígono de la Región Terrestre Prioritaria para la Conservación #102 “Bosques Mesófilos de la Sierra Madre Oriental”, de 400 mil hectáreas.

Es un lugar impresionante por su belleza. Resguarda animales como la nutria y el tucán; este último será la bandera de la 13.ª Simicarrera Puebla 2022, el próximo 26 de junio.

El biólogo Arcadio Ojeda Capella, director de Kolijke, en entrevista con Siminforma, comentó: “Lo que hacemos es conservar la flora y la fauna, los ecosistemas originales, nativos de esta zona y de la parte norte de la Sierra Norte de Puebla”.

Está llena de vida. “Tenemos alrededor de 700 especies registradas de mariposas, 33 por ciento de las catalogadas en México, unas 2,100 especies; de libélulas hemos apuntado 113 especies, de 300 del país; de mamíferos, 123 de 500, y de aves, 260 de 1,100”.

Las cifras ilustran que la zona representa entre 25 y 30 por ciento de la biodiversidad nacional.

Entre los mamíferos pueden verse jaguar, puma, ocelote, tigrillo, jaguarundi, gato montés (los seis felinos que hay en México), viejo de monte, oso hormiguero, martuchan, tejón, mapaches, armadillos, comadrejas, tlacuaches y venado temazate.

En este lugar existen fauna y flora que se distribuyen desde Canadá hasta esta zona y desde aquí hasta el Amazonas.

El biólogo Arcadio Ojeda y el maestro en ciencias Roberto de la Maza, fundadores de esta reserva natural, así como el guardabosques Patricio Cano y todo el equipo del Proyecto Kolijke, tienen más de tres décadas de una lucha incansable por cuidar este entorno.

Lamentan que “la forma de vida de las comunidades, todas, desde la Ciudad de México hasta el pueblo más chiquitín, por lo menos en Occidente, están peleadas con la naturaleza, hacen actividades incompatibles con la subsistencia de los ecosistemas.

“Una de las formas en que podemos cooperar con el planeta es trabajar para que estos sitios se conserven en el largo plazo, de modo que cuando haya voluntades políticas y posibilidades, podamos tener aquí el material genético que nos permita establecer programas de restauración y recuperación ambiental, y que en otras zonas podamos ampliar las reservas”.

En medio de este paraíso hay paz, pero no siempre ha sido así.

El guardabosques Patricio Cano Flores, habitante de Ocomantla, manifestó: “Lo que hacemos es checar que la gente no entre a cazar, a extraer plantas, a capturar aves.

“Hemos encontrado cazadores furtivos que traen permisos, pero se les ha explicado que el permiso no es para ingresar a una zona de este tipo; entonces, se han tenido que retirar, algunos por la buena, otros se van molestos”.

En este contexto, Ana Paula Ojeda y Santiago Concheiro, coordinadores del programa socioambiental de Kolijke, sensibilizan, junto con sus equipos de trabajo, en las comunidades locales totonacas y nahuas, sobre la importancia de cuidar su entorno natural.

Parten de una premisa: “Llevar a cabo proyectos de conservación que no involucren a las comunidades., por un lado, es impositivo, incluso hasta violento. Pero, por otro, son los habitantes de los territorios los responsables de procurar el bienestar de los ecosistemas donde habitan”.

El propósito es detonar y acompañar procesos de desarrollo comunitario de organización, proyectos de agroecología y producción sustentable de alimentos y otros insumos, actividades educativas, de educación ambiental y arte, entre otras.

El esfuerzo ha valido la pena. En el Centro Comunitario y Productivo de Ocomantla, la encargada de la tienda, Patricia Márquez Ortega, dijo: “Antes veíamos de otra forma el lugar, o nuestro alrededor, porque no le dábamos tanta importancia o interés”.

Por su parte, Laura Emilia Guzmán Mendoza, promotora del centro, apuntó: “Nosotros tenemos el privilegio de vivir acá y compartir con la naturaleza, cosas que la gente de la ciudad no lo tienen y quisieran apreciarlo”.

No solo valoran más el ecosistema que las rodea, sino que han encontrado maneras de autoemplearse. Hoy siembran verduras, producen miel y café, hacen mermeladas, envasan salsas.

La 13.ª Simicarrera Puebla 2022 de Farmacias Similares dará el dinero recaudado por concepto de inscripciones a esta reserva para conservar al tucán.

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